Hoy es el día del referéndum, hoy los catalanes deciden si quieren un nuevo estatuto o si se quedan con el que tenían hasta el momento.

No es ya el momento de decir si es bueno el nuevo estatuto o no, si se debe votar sí o no, porque ya llevan más de dos años martilleando incesantemente con el tema, unos vendiendo humo, y otros creando fantasmas. Hoy, definitivamente, podemos felicitarnos de que todo llega a su fin, de que por fin ya se terminarán las especulaciones sobre una u otra decisión, porque hoy, aunque parezca mentira, se decide ya el futuro del Estatut.

Hoy los catalanes deciden sobre su autonomía, y todos, repito, todos, deberíamos aceptar la decisión que adopten. Los políticos deberían contentarse con lo que salga, y no sacarle punta a cualquier resultado, de forma que siempre termina favoreciendo a todos. Si sale el sí, los que votaron por No tendrán que aceptarlo, y si sale el No, los que votaron por el Sí tendrán que aceptarlo igualmente, sin tirar huevos ni nada por el estilo, porque esto es la democracia, la decisión de todos, aunque no a todos contente.

Sólo espero que después de los resultados no tengamos tangana, porque entonces esta votación popular carecería de todo sentido.